miércoles, 30 de julio de 2008
martes, 29 de julio de 2008
Nuevo Orden Mundial: la verdad tras el telón
Duración: 10 minutos 27 segundos
Link directo en youtube: http://es.youtube.com/watch?v=eHRvM7rSdIw
Zeitgeist
¿Qué es Zeitgeist?
Zeitgeist es un documental sin ánimo de lucro del año 2007 producido por Peter Joseph con difusión por Internet (mediante Google Video). Aunque fue grabado originalmente en inglés, es posible encontrarlo con subtítulos en español. Es un documental a manera de intrahistoria: intenta partir de un análisis racionalista e histórico de la estrategia y cálculo político, de varias creencias religiosas e instituciones políticas y económicas, en especial el cristianismo, los ataques del 11 de septiembre, la guerra contra el terrorismo, la Reserva Federal y el sistema financiero internacional. El propio título, Zeitgeist, quiere decir "espíritu guardián del siglo", es decir, la experiencia del clima cultural dominante.
Plantea la existencia de mecanismos de dominación absoluta dentro de las instituciones de control social convencionales; más que centrarse en si las intenciones son ocultas o manifiestas, explora los métodos de convencimiento individual y asentimiento social de la sociedad civil ante sus dominadores. El documental posee un trasfondo cuasi-anarquista, expresado sobre todo en las conclusiones finales de una manera tácita ya que supone develar grandes mentiras históricas y actuales. Desde su publicación gratuita en Google Video en primavera de 2007, la película ha sido vista más de 5 millones de veces.
Los eventos fueron simplificados para las masas, con la intención de generar conciencia general y discusión en cuanto a un tema que bajo la deitificación se considera tabú discutir.
Fuente: WikipediaLink al documental subtitulado en español:
Recomiendo usar el botón de ensanchar el vídeo para disfrutarlo a tamaño grande, a toda pantalla.
Duración del documental: 1 hora 56 minutos 23 segundos
lunes, 28 de julio de 2008
La manipulación de los medios de comunicación
Links:
Este vídeo en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=8Yhnbso9JiM
Página en youtube del usuario que lo subió: http://www.youtube.com/user/atlantischannel
Extraterrestres en África
(Los otros pueden irse localizando desde el link anterior, mirando en la parte derecha de la pantalla una vez dentro de youtube).
sábado, 26 de julio de 2008
JUEGO FINAL: Plan de Esclavitud Mundial
Link directo al documental en Google Vídeo: http://video.google.es/videoplay?docid=512501736655242097
Software Libre: Entrevista a Richard Stallman
Links directo en youtube:
Primera parte: youtube 1
Segunda parte: youtube 2
Tercera parte: youtube 3
Profecía: El Retorno de Juan Pablo II
Primera parte: youtube 1
Segunda parte: youtube 2
Es una especie de cortometraje intenso e imaginativo, de música muy pegadiza (sobre todo a partir del minuto y medio cuando empiezan los cambios de ritmo). Plantea la imaginativa idea de la resurrección de Juan Pablo II, apoyándose en citas de la Biblia, especialmente del Apocalipsis. Pero no sería el auténtico Juan Pablo II, sino... me callo para no desvelar la sorpresa del corto.
sábado, 19 de julio de 2008
Cómo identificar a un hombre soltero
Nada, que he visto esta viñeta en Menéame y me ha hecho gracia jejeje... No tengo más que comentar, en este caso es cierto que una imagen vale más que mil explicaciones jejeje...Las fuentes:
He pillado este chiste aquí en Menéame.
Y el sitio original adonde conduce Menéame es este blog.
viernes, 4 de julio de 2008
¿Por qué no se ha popularizado el término "bright"?
La idea era tener un término con connotación positiva para designar a todos aquellos que tienen una filosofía naturalista del mundo (evitando las definiciones basadas en negaciones como lo son ateo, infiel o no creyente).
Esta iniciativa (la de usar de esta manera el término "bright") empezó con Paul Geisert y Mynga Futrell en 2003. Ha sido apoyada por Richard Dawkins (con algunas reticencias como veremos más abajo) y por Daniel Dennett entre otros (también el ilusionista James Randi simpatiza con el término).
Sin embargo, a estas alturas del año 2008 en que nos encontramos contemplamos que este término no ha arraigado: no se ha popularizado con la intensidad que Dennett y otros hubieran querido. Naturalmente hay que tener paciencia, es demasiado pronto pues sólo han transcurrido 5 años, pero podemos valorar un par de aspectos que parecen haber influido en que el término bright no haya calado más hondo:
- Una de las objeciones que algunas personas han visto al término bright (brillante, inteligente) es que les parece arrogante: un desprecio hacia el resto de personas (a los creyentes). Si los "ateos" (o similares) son "brillantes", entonces "¿qué somos nosotros? ¿Oscurecidos? ¿Torpes?", parecen decir. Precisamente por interpretaciones como ésta es por lo que Richard Dawkins tiene algunas reticencias al uso de este término.
- Hay quienes interpretan el uso de bright como el enésimo intento del ser humano de etiquetarse innecesariamente. "¿Por qué ponernos etiquetas?". Hay quienes incluso perciben el "movimiento bright" como un intento de destacarse del resto: crear una distinción artificial e innecesaria.
Respuestas a estas objeciones:
Uno de los más firmes defensores del término bright, el filósofo Daniel C. Dennett, ha aclarado su punto de vista con respecto a este tipo de objeciones.
- La acusación de arrogancia, de despreciar a los que no son "brights" (brillantes), puede superarse según Dennet fácilmente. Aquellos que no se consideren brights, pueden elegir llamarse como deseen (no necesariamente deben buscar un opuesto negativo como "apagados", o "torpes"). Para un ejemplo de esto, leer más abajo el fragmento que voy a copiar de Romper el hechizo, libro de Dennett.
- La objeción de que etiquetarnos es innecesario puede responderse simplemente considerando ejemplos prácticos. La sociedad suele etiquetar a determinados grupos (generalmente minoritarios) despectivamente. Por ejemplo a los homosexuales ("maricones, "afeminados") o a los ateos y agnósticos ("descreídos", "infieles", "sacrílegos", "perdidos"). Los propios términos "directos", tanto homosexual como ateo, han llevado una fuerte carga negativa a lo largo de los años. Los homosexuales tuvieron la ocurrencia de "secuestrar" el término gay (festivo, alegre) para usarlo en un nuevo contexto: para designar a los homosexuales con una palabra liberada de la carga negativa que tenían las otras. Los ateos, de modo similar, se verían liberados de la carga negativa de las palabras con las que solemos designarlos si se popularizara un término nuevo, libre, al estilo de gay (festivo, alegre), y el término elegido fue el de bright (brillante). Puede gustar o no el acuñar una nueva etiqueta, pero una etiqueta nueva puede liberar las connotaciones negativas de las etiquetas antiguas. Como dice un dicho antiguo: un clavo saca a otro clavo. Por lo tanto, es en este contexto donde se ve razonable la incorporación del término bright, que ateos como Dennett han apoyado con cierto entusiasmo.
El futuro de los bright
Es demasiado pronto para valorar si este término acabará teniendo éxito o no. El término gay necesitó de años para popularizarse. La idea de dar este nuevo sentido a la palabra bright apenas comenzó en 2003 y sólo el tiempo dirá si acaba triunfando o no.
Epílogo
Básicamente, esta breve reflexión acerca del término bright ha finalizado. No obstante, como complemento, voy a copiar un fragmento del capítulo 1 del libro de Daniel Dennet, Romper el hechizo, donde menciona el término bright de pasada. El interés radica en que Dennett es uno de los ateos que más simpatizan con esta idea.
Empiezo la copia del fragmento unas líneas antes de llegar a la mención de la palabra bright, tanto por mejorar el contexto como sobre todo para aprovechar y añadir también el breve cuentecito que cita de un libro de William James.
Fragmento de Romper el hechizo, capítulo 1:
(...) hace poco más de 100 años James publicó su clásica investigación Las variedades de la experiencia religiosa, que será citada varias veces a lo largo de este libro, ya que es un tesoro escondido lleno de revelaciones y argumentos, en nuestros días frecuentemente pasado por alto. Empezaré, pues, por darle un nuevo uso a una vieja historia narrada por él:
Como el predicador, les digo: "A ustedes, amigos religiosos, que temen romper el tabú: ¡Suéltense! ¡Suéltense! Apenas si notarán la caída". Cuanto antes nos pongamos a estudiar la religión, más pronto se verán aliviados de sus más profundos temores. No obstante, se trata de una simple súplica, no de un argumento, por lo que debo persistir con mi caso. Sólo les pido que traten de mantener la mente abierta y que se abstengan de prejuzgar lo que digo por el solo hecho de que soy un filósofo ateo, del mismo modo en que yo haré mi mejor esfuerzo por entenderlos. Soy un bright. Mi ensayo "The bright stuff", publicado en el New York Times del 12 de julio de 2003, llamaba la atención sobre los esfuerzos de algunos agnósticos, ateos y otros partidarios del naturalismo para acuñar un nuevo término para los no creyentes. La amplísima respuesta positiva que suscitó ese ensayo contribuyó a persuadirme de escribir este libro. Pero también suscitó una respuesta negativa, dirigida particularmente contra el término elegido (no por mí): bright, que parece implicar que los demás son débiles o estúpidos. Pero el término, que fue acuñado a la manera en que los homosexuales secuestraron tan exitosamente la palabra "gay" [festivo], no necesita tal implicación. Los que no son gay no necesariamente son sombríos; son straight [rectos]. Los que no son brights no necesariamente son dim [lerdos]. Tal vez quieran escoger un nombre para sí mismos. Puesto que al contrario que nosotros -los brights- ellos creen en lo sobrenatural, quizá quieran llamarse a sí mismos los Súper. Es una bonita palabra con connotaciones positivas, como gay, o bright, o straight. Algunas personas no estarían dispuestas a asociarse con alguien que es abiertamente gay, así como otras no estarían dispuestas a leer un libro escrito por alguien que es abiertamente bright. Pero siempre hay una primera vez. Inténtelo. (Más tarde, si la cosa se vuelve muy ofensiva, siempre puede retirarse).
Fuentes:
Libro:
Romper el hechizo, de Daniel C. Dennett
Webs:
Wikipedia
Una idea brillante
miércoles, 25 de junio de 2008
Un experimento del psicólogo Allen Funt y algunas consideraciones sobre la racionalidad de nuestras decisiones
Cuando nos asomamos al abismo que abre ante nosotros una demostración de este tipo nos entra una risa nerviosa. Tal vez seamos listos, pero ninguno de nosotros es perfecto, y aunque tal vez usted o yo no cayéramos en el viejo truco del mango del carrito de golf, sabemos que hay otras variantes de este truco en las que hemos caído y en las que sin duda volveremos a caer en el futuro. Cuando descubrimos lo imperfecta que es nuestra racionalidad, nuestra propensión a dejarnos arrastrar en el espacio de las razones por cosas que no son razones conscientemente apreciadas, nos asalta el miedo de que tal vez no seamos libres después de todo. Tal vez nos estemos engañando. Es posible que nuestra aproximación a una perfecta facultad kantiana de la razón práctica se quede tan corta que nuestra orgullosa autoproclamación como agentes morales no sea sino un delirio de grandeza.
Nuestros fallos en estos casos son sin duda fracasos en nuestra aspiración a la libertad, a responder como nosotros mismos querríamos ante las oportunidades y las crisis que nos presenta la vida. Por esta razón son tan incómodos, porque ésta es una de las formas valiosas y deseables de la libertad. Nótese que la demostración de Funt no nos impresionaría en lo más mínimo si sus sujetos no fueran personas, sino animales: perros, lobos, delfines o monos. Apenas puede sorprendernos que se pueda engañar a una simple bestia para que opte por algo brillante y vistoso, pero que no es lo que realmente quiere, o lo que debería querer. Partimos de la base de que los animales "inferiores" viven en el mundo de las apariencias, movidos por "instintos" y capacidades perceptivas que poseen una gran eficiencia dentro de su contexto, pero que quedan fácilmente en evidencia en circunstancias inusuales. Nosotros aspiramos a un ideal superior.
A medida que aprendemos cosas sobre las debilidades humanas y sobre la forma en que pueden aprovecharse de ellas las tecnologías de la persuasión, parece como si nuestra tan cacareada autonomía no fuera sino un mito insostenible. "Tome una carta cualquiera", dice el mago, y consigue hábilmente que uno tome la carta que él ha escogido previamente. Los vendedores conocen mil formas de hacer que nos decidamos a comprar ese coche, ese vestido. Según parece, bajar la voz funciona extraordinariamente bien: "Para mi gusto le queda mejor el verde". (Tal vez le interese recordarlo la próxima vez que un vendedor le susurre algo). Nótese que se trata de una carrera de armamentos donde cada estrategia se ve contestada con una contraestrategia. Yo no he hecho más que reducir un poco la efectividad del truco del susurro para aquellos que recuerden mi consejo. Resulta fácil descubrir el ideal de racionalidad que está detrás de esta batalla: caveat emptor, decimos, el riesgo es del comprador. Se trata de una política que presupone que el comprador es lo bastante racional como para no dejarse engañar por las lisonjas del vendedor, pero como ya no tenemos una fe inocente en este mito suscribimos una política basada en el consentimiento informado, que prescribe para la validez del acuerdo la presentación explícita de todas las condiciones relevantes en un lenguaje claro y comprensible. Pero también reconocemos que dicha estrategia es fácilmente eludible -la estratagema de la letra pequeña, la pomposa e impresionante jerga especializada-, por lo que podríamos prescribir todavía más condiciones para servirle la información a cucharadas al indefenso cliente. ¿En qué punto habremos superado el mito del "consentimiento adulto" en nuestra "infantilización" de la ciudadanía? Cuando oímos hablar de propuestas para adaptar los mensajes a determinados grupos o individuos mediante la inclusión de imágenes, explicaciones, facilidades y advertencias específicas, tal vez estemos tentados de condenarlo como paternalismo y considerarlo igualmente subversivo para el ideal de libertad según el cual somos agentes racionales kantianos, responsables de nuestro propio destino. Pero al mismo tiempo deberíamos reconocer que el entorno donde vivimos no ha cesado de actualizarse desde el origen de la civilización, a través de una cuidadosa preparación y de la instalación de toda clase de señales y advertencias en nuestro camino, para ayudarnos y hacernos las cosas más fáciles a nosotros -eso es lo bueno de la vida civilizada-, pero acostumbramos a criticar las que necesitan los demás. En cuanto comprendemos que esto es una carrera de armamentos, resulta más fácil abandonar el absolutismo que sólo ve dos posibilidades: o somos perfectamente racionales o no somos racionales en absoluto. Dicho absolutismo promueve el miedo paranoico a que la ciencia podría estar a punto de demostrar que nuestra racionalidad es una ilusión, por muy benigna que pueda resultar desde ciertas perspectivas. Dicho miedo, a su vez, otorga un atractivo injustificado a cualquier doctrina que prometa mantener la ciencia a raya, conservar nuestras mentes como un espacio misterioso y sacrosanto. En realidad, somos extraordinariamente racionales. Somos lo bastante racionales, por ejemplo, como para ser muy buenos en el diseño de estrategias para ponernos trampas unos a otros, para buscar fisuras cada vez más sutiles en nuestras defensas racionales, un juego del escondite que no conoce ninguna pausa ni límite temporal.
(...) Nuestros sistemas morales y políticos parecen obligarnos a clasificar a las personas en dos categorías: aquellos que son moralmente responsables y aquellos que están excusados de ello por no estar cualificados. Sólo los primeros son candidatos válidos para el castigo, para que se les pidan responsabilidades por sus acciones. ¿Cómo podemos decidir dónde marcar la línea? Ciertas acciones estúpidas y ciertos hábitos y rasgos de carácter que descubrimos en nosotros mismos pueden hacernos dudar de si una categorización como ésta puede ser algo más que un mito conveniente, algo así como el odioso mito de los metales de Platón, una estratagema pública pionera para mantener la paz en su República. Algunas personas han nacido de Oro, mientras que otras deberán contentarse con ser de Plata o de Bronce. Podría parecer, por ejemplo, que la teoría política adopta la estrategia de mantener una cierta proporción de castigos dentro de la sociedad para hacer creíbles las prohibiciones que mantienen controlados (en cierta medida) a los agentes racionales, una estrategia que estaría sin embargo condenada a la hipocresía. Aquellos que terminan siendo castigados pagan doblemente puesto que no eran realmente responsables de las acciones que, según nuestras beatas condenas, habrían cometido por su libre voluntad, y no son sino cabezas de turco a quienes la sociedad inflige un daño deliberado para sentar un vívido ejemplo ante los demás ciudadanos mejor dotados para el autocontrol. ¿Qué condiciones debe cumplir una persona para que podamos considerarla genuinamente culpable de sus fechorías? Y ¿hay alguien que las cumpla realmente?
Daniel Dennett
Fuente: El texto lo he sacado del capítulo 9 del libro La evolución de la libertad, de Daniel C. Dennett (filósofo, autor de otro libro más conocido: La conciencia explicada).
