domingo, 29 de marzo de 2009

No hay fin, ni principio... ¿Y qué?

No hay un final de las cosas; ni tampoco una finalidad.

No hay Mal.

No hay un Plan ni un Argumento que obligue a nadie.

No hay nadie.

No hay principio. No hay Bien. No hay relaciones. No hay pluralidad. No hay dos.

No hay tiempo. No hay movimiento. No hay cambio.

No hay error. No hay pecado. No hay inmoralidad.

No hay sufrimiento. No hay placer. No hay verdad. No hay mentira.

Ninguna de las cosas anteriores existe independientemente, sino sólo en función de alguna de las otras. No hay frío ni calor en términos absolutos: podemos jugar a poner uno en función del otro, y brota un juego. No hay bien ni mal, pero combinados uno en función del otro, surge un juego.

Hay Unidad, pero no hay Unidad. Sí hay Unidad, pero no; son palabras.

Sólo hay lo que hay, pero no lo hay.

¿Acaso hay algún peso que llevar? ¿Y hay alguien para llevarlo? ¿Y qué?

Nada hay. De la nadidad brota todo. fluuuuuuu... fluuuuuuu,,, sin plan,,, fluuuuuuu...

Nada que creer. Nada que crear. Nada que leer. Nada que escuchar. Nada que decir. Nada que mostrar. ¡Nada! Y sin embargo, surge todo... ¿Y qué?

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